Buscar emigrando. Por Silvia Demetilla. Sapo de otro pozo

En tu libro Emigrar. En busca de un espacio de amparo decís que ser inmigrante es una especie de volver a nacer, de volver a ser niño, ¿cómo vivenciaste esa experiencia sin desesperación, sin perderte en la añoranza? Claudia – En realidad, viví esa experiencia con desesperación y con un profundo sentimiento de zozobra. Después de todo, los niños necesitan del amparo que proveen los adultos. Por otro lado, aún desde esa vulnerabilidad tan honda, yo era el adulto que tenía que proveer un espacio vivible y seguro para mis hijas. Cierto es que a veces me perdía en la añoranza, pero también me anidaba en ella y así fue como iba encontrando los recursos que tenía pero que tal vez no necesité desde que dejé la infancia. Cuando uno cambia de país, uno tiene que volver a aprender la vida. En ese sentido mis hijas fueron fuente de inspiración, porque las veía descubrir el mundo, con entusiasmo, con sorpresa con sabor a aventura, y pude rescatar entonces mi mirada infantil y la porosidad necesaria para re-aprender. Por eso no subestimo ni la desesperación ni la añoranza. “La inclusión de lo inesperado en la vida cotidiana¨, según tus propias palabras, ¿creés que fue en cierta forma enriquecedor? Sí, fue una experiencia profundamente enriquecedora. Diría que revolucionaria, nada ajena a la mirada infantil de la que hablamos antes. Sin embargo esta es una enseñanza que extraje del aprendizaje del arte marcial llamado Aikido que he practicado por muchos años. Se trata de estar atenta, abierta a la experiencia, sin esperar, sin comparar, sin prejuzgar. En realidad es mas un parámetro ideal, una lente para mirar la vida que nos permite centrarnos en el momento, sin el drenaje por la que “ya no es” ni el temor por el “qué será” Decís que los norteamericanos viven con el reloj adelantado mientras que los latinoamericanos tienden a atrasarlo, ¿cómo influyó en la vida de tu familia? El tema del tiempo, es como una fragancia que todo lo permea. En lo cotidiano implica reorganizar la rutina, sentir que se renuncia a la espontaneidad de un encuentro o una salida, y fundamentalmente modificar el ritmo culturalmente incorporado que nos hacía danzar armónicamente con los seres queridos que dejamos atrás. Algo así como que el tiempo se agrega a la distancia. Muchos profesionales inmigrantes seguramente se sentirán identificados por tu búsqueda de reconocimiento en ese ámbito ¿por qué creés que es tan diferente el sistema donde estamos de aquel de donde venimos, en donde no está mal visto que un profesional desarrolle tareas para las cuales está sobrecalificado? No tengo una respuesta muy clara. Creo que tiene que ver con los valores. Es decir con la valoración y el reconocimiento por el trabajo. No prima la idea de “sacar ventaja” y siempre hay alguien que se ajusta al puesto, sin desbordarlo ni desbordar al resto. “ No me parece que se piense que está mal visto que un profesional desarrolle tareas para las cuales este sobrecalificado” mas bien creo que no se considera ético no darle el lugar apropiado. Por otro lado, esta no es una aproximación empática a las necesidades del inmigrante, que necesita empezar en algún lado. Partiste con dos nenas chiquitas, ¿cómo hiciste para fomentarles amor por Argentina? ¿Lograste que ellas no sintieran esa disociación -que tal vez vos sentías- entre ambos países? Criar hijos biculturales es un verdadero desafió. No es fácil mantener el equilibrio, porque los niños, una vez integrados a la nueva cultura sienten y necesitan sentir para su propio bienestar la seguridad inequívoca de la pertenencia. Es muy difícil aceptar que nuestros hijos van creciendo y recorriendo caminos tan ajenos a nuestra experiencia. Mis hijas protestaban y decían: “siempre tenemos que ser distintas” y a mi me producía un dolor terrible. Creo que con mi marido tomamos arbitrariamente la decisión de no disimular las diferencias en una sobre-adaptación que no nos representara. Sabíamos que el costo era alto y apostamos a que valiera la pena. Creo que lo vale, pero ellas tendrán la respuesta final. En cuanto al amor por la Argentina, no creo haberlo fomentado. No sé qué significa para ellas Argentina, mas allá de ser el país de sus padres, el lugar donde crecieron, se conocieron, y armaron la familia en la que ellas nacieron. Además el lugar donde vive la gente por la que me han visto llorar. De todos modos no me parece que el amor sea enseñable. Cuando partiste – como decís- con toda tu historia en un par de valijas ¿alguna vez pensaste en echarte atrás, en resistirte al destino de inmigrante? Sí, todos los días desde entonces. ¿Alguna vez dejaste de sentirte inmigrante? Siempre me pregunté cuando se produciría el pasaje de emigrante a inmigrante. De hecho la búsqueda de una respuesta a esta pregunta ha generado gran parte de mis reflexiones y producción profesional. Creo que al partir dejamos nuestro espacio de amparo, algo sobre lo que nunca antes hemos reflexionado, y a la distancia comenzamos a intuir tanto su hechura como su textura, y con el tiempo vamos teniendo una idea mas clara, aunque en gran parte permanezca inefable de lo que perdimos. Eso nos lanza a un proceso de duelo, que implica aceptar las pérdidas, así como las ganancias, que también tienen sus consecuencias, ya que lo nuevo nos aleja de lo viejo que tanto amamos y esa distancia duele. Es un proceso largo, que si evoluciona de modo favorable, ira perfilándose hacia la re construcción de un nuevo espacio de amparo que reflejará e incluirá en una nueva trama, tanto nuestra historia pasada, como la presente. ¿Cómo fue tu experiencia en relación al aprendizaje del nuevo idioma? El idioma es uno de los aspectos que hacen al tema de la comunicación en general ya que también cambian todos los códigos, la forma de operar, las reglas de etiqueta, el lenguaje no verbal. Yo sabía de antemano que iba a enfrentarme con las dificultades de aprender un nuevo idioma, pero no anticipé estos otros aspectos que son más sutiles, pero muy desestabilizadores. Cuando uno no conoce una palabra puede interrogar respecto del significado, pero cuando uno no reconoce un gesto, o no es reconocido en un gesto, toda la comunicación puede tergiversarse sin que uno tenga la menor idea de lo que aconteció. Con respecto al idioma en sí mismo, mas allá de la dificultad y de la frustración del no saber, aprender un nuevo idioma siendo adulto, es una verdadera aventura ya que uno no sólo aprende palabras, sino nuevos conceptos, nuevas formas de decir, que permiten una mayor creatividad y expansión al pensamiento. ¿Si tuvieras la oportunidad de volver el tiempo atrás, ¿volverías a emigrar? Esta es una pregunta muy difícil de responder. Desde un punto de vista estrictamente racional, te diría que la decisión fue adecuada en el contexto en que fue tomada. De modo que si las condiciones fueran idénticas, volvería a decidir lo mismo y albergaría exactamente las mismas dudas. Por otro lado, hace 21 años que partí y le he puesto tanto empeño a este proyecto de vivir en otro lugar, que si bien nunca ha sido mi sueño, es sin duda mi realidad. ¿Le darías algún consejo a aquellos que dudan entre irse o quedarte en el país? No. Son tantas las variables, tan diferentes las historias y las circunstancias que sería absolutamente fútil. Se trata de elegir una vida! Creo que lo que más puedo hacer en este sentido es ofrecer mi libro con mis experiencias y mis reflexiones. En gran parte, esta fue la idea que me impulsó a escribir el libro. Muchas gracias. . .

http://www.sapodeotropozo.com.ar/reportajes.htm

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