De la nostalgia a la creatividad

Hoy quisiera  invitarte a visitar mi espacio y a reflexionar junto conmigo.

En esta primera entrega de mi blog me gustaría presentarme de un modo informal, y al mismo tiempo pertinente al espacio que inauguro.  Es extraño hacerlo ante una audiencia desconocida y sostener al mismo tiempo la esperanza de lograr un grado significativo de comunicación e intercambio.

En mi oficio de psicóloga las palabras habladas siempre han sido de gran valor, un instrumento en permanente estado de refinamiento, sea desde la escucha como desde la enunciación.  Sin embargo la palabra escrita surge mucho mas tarde en mi vida, como consecuencia de mi condición de emigrante. La necesidad de acotar mi experiencia y dar expresión  a las emociones a menudo desbordantes que la acompañaban, fueron desarrollando una vocación por la escritura.  Podría decir que mi condición de emigrante, catalizó el advenimiento de mi escritura en un movimiento que he definido como el pasaje “de la nostalgia a la creatividad”

Primero fueron cartas, luego trabajos para conferencias y finalmente, libros.   A través de todos estos medios he intentado plasmar y poner al alcance  de quienes se sintieran convocados, mis pensamientos sentidos o tal vez podría decir mis sentimientos pensados.   El resultado ha sido muy positivo y es por eso que me lanzo ahora a esta nueva aventura de “ blogear”. ¿ Vamos?

De la Nostalgia a la Creatividad

 

Desde hace ya muchos años me he dedicado e explorar la temática de la emigración, la identidad y el espacio de amparo. Curiosamente, mucho después de haberme convertido en emigrante.

A menudo la imagen del viaje es utilizada como metáfora del crecimiento y los derroteros de la vida, paradójicamente en el caso de la emigración, el viaje es la vida misma,  y en éste caso hasta podríamos dar vuelta esta metáfora.  De hecho, lo inédito de la experiencia emigratoria nos devuelve en cierta manera la mirada de niño, ya que ante la necesidad  de volver a conquistar espacios,  no sólo recuperamos, sino que descubrimos e inventamos nuevas formas para enfrentar la cotidianeidad.

 

En mi caso, el vuelo emigratorio me  ha convertido de manera impensada en escritora.  Y para esta ocasión me “visto con mi mejor piel de terapeuta-emigrante” y los invito al ejercicio de explorar conmigo las fuerzas que motivaron mi escritura. Algo así como una visita guiada por los escenarios pre-históricos donde comienza a gestarse mi identidad de escritora.  En este ejercicio imaginario, me reclino entonces en mi diván psicoanalítico virtual y, simultáneamente, me observo en silencio desde mi sillón de terapeuta. La sesión comienza con un recuerdo que nunca viví: mi abuela, en un barco, alejándose del puerto, perdiendo para siempre a su familia en el horizonte, llenándose de ausencias.  Ausencias  que a lo largo de su vida seguirían brillando en su mirada y cuya profundidad sólo comprendí cuando apoyé por primera vez mis valijas en tierras extrañas.  Mi abuela, repleta de añoranzas y con el  alma agujereada, con la partida, salvo su vida he hizo que la pena valga.

 

También valió la pena para el “Aromo” del poema de Yupanki : que apretado por la piedra y acosado por el rigor del clima que lo abarca “en vez de morirse triste, hace flores de sus penas”.  Este verso reverberó en el  silencioso ruidoso de mi ser adolescente y desde entonces, me ha arrullado cada vez que me “regaba” la pena, porque había que hacer que la pena valga.

Y desde este primer insight transformador y después de mi primer amor, volví a leer tal vez por tercera o cuarta vez el Principito. Recorté entonces  una frase, que  para mi gran sorpresa, no vi nunca repetida en ningún poster, una frase que tuvo el poder de revolucionar mi modo de pensar  con el descubrimiento extraordinario de la metáfora.

“Las estrellas son bellas por una flor que no se ve”  dice el Principito contemplando las estrellas, sabiendo que en una de ellas, reside una flor que ama.

 

Cada uno de estos fragmentos de mi memoria dan cuenta de un recorrido que atraviesa la distancia así como de un proceso de transformación.  Cada uno de ellos, precursor de lo que estaba por ser, sin saberlo todavía.

 

Otro momento  revelador, tuvo lugar en la National Gallery of Art, en Washington D.C frente a un cuadro de Matisse.  Se trataba de uno de los  cut –outs, denominado “Torso de mujer”.  En él, lo que no está, es precisamente lo que le da el nombre a la obra.   Curiosamente, el “vaciado”, a diferencia del collage, transporta al observador hacia lo hondo del sentido bordeando la ausencia.  Para lograrlo, Matisse  tuvo que “perder” el trozo recortado, el torso azul, para crear el  vacío blanco.  .  ¿Qué borde encontraría yo para encausar el desborde de ausencias?

 

Tras la partida,  el dolor crecía en mí sin sosiego, como pena sin flores.  En ese tiempo  la soledad era abismal, y los sentimientos impensados presionaban mi alma. Tanta presión ejercían, que espontáneamente  empecé a escribir cartas, rescatando en ese acto un diálogo interno y liberador.  Así fue como comencé a encontrar “palabras para decir”  “palabras instrumentos”, “palabras abrazos” delineando  bordes que rodeaban ausencias…. y las cartas se convirtieron en semillas de  libro.

 

Buscar y encontrar las palabras para pensar sentimientos, no es nada ajeno al proceso psicoterapéutico, donde desde el corazón de una sesión, como terapeuta uno acompaña a sus pacientes a reconocer y bordear los sentimientos todavía no pensados que duelen y afligen,  ayudando a encontrar las palabras para decir, para acotar el dolor y transformar las heridas. En la vida,  como en el proceso emigratorio, nos duele lo que ya pasó, porque nos mantenemos adheridos al recuerdo de lo que ya fue y ya no es, con el propósito de evitar el vacío que dejaría su pérdida.  En realidad, este proceso es natural. Mantener el recuerdo sostiene nuestra propia historia y por lo tanto nuestra identidad.

Sin embargo, los recuerdos tienen su propia vida, y necesitan que nosotros, como dueños de la memoria, les demos la oportunidad de transformarse.

Y la transformación implica necesariamente la pérdida del estado anterior. Se trata de mantener un equilibrio cambiante que sin borrar la huella permita el desplazamiento: desplegar la marcha, el salto, la carrera, la danza… convirtiendo así la nostalgia en creatividad. Lo nuevo, ya sea descubierto o inventado, surge mas allá de lo perdido, atravesando el sepulcro de las  pérdidas que son inevitables.

 

La inspiración seria imposible sin la exhalación que la precede, ambas pulsan la vida que respira.  Tal vez podríamos pensar el viaje emigratorio como una gran exhalación que nos conecta irremediablemente con un gran vacío.  Sin embargo, la desesperación que agita la falta, crea, a menudo,  la oportunidad de transformar la fatalidad de una decisión que se nos escapa de las manos, en un destino que aunque no se traduzca en

Flores

cut-outs

o palabras escritas

pueden significar una vida plena, una vida que vale la pena de ser vivida.

 

 

 

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