Dia de la madre en tiempos de corona

En el contexto de pandemia, la distancia se ha hecho relativa en relación a los encuentros.  No importa que tan lejos estemos, sea una cuadra o un continente todos nos confrontamos con alguna ausencia.   Algunas serán superables otras lo serán para siempre, pero en ambos casos nos enfrentamos con la nostalgia del extrañar.  Traté de explicar este sentimiento en mi libro para niños titulado De aquí para allá en un capítulo titulado “Echar de menos”.  Andrés, que extraña a sus abuelos y a su amigo Martin conversa al respecto con su mamá, nueva emigrante que también enfrenta sus propias nostalgias. Aquí van unos párrafos para ayudar a los niños a pensar un sentir.  ¿Y a los adultos? Tal vez a los adultos también. Tú me dirás.

Fragmento del libro De aquí para allá.  Capítulo 5: ¿Qué es echar de menos?


……. “Andrés se apuró a ocupar el lugar y rápidamente, pero sin mirar a mamá a la cara, preguntó: 

—¿Qué es echar de menos? Mamá le acarició el pelo y tardó un ratito en contestar. 

—Echar de menos es… querer mucho a alguien que está lejos. 

—Yo echo de menos a los abuelos —dijo Andrés. 

—Yo también —dijo mamá. —Y a Martín —siguió Andrés. —También yo echo de menos a mis amigos —respondió mamá, pensativa. 

—¿Echar de menos es triste? —pregunto Andrés. 

—Un poco —contestó mamá—. Pero, cuando echamos de menos, recordamos y así también sabemos cuánto queremos. 

Andrés miró por fin a mamá con curiosidad y cara de no entender. 

Mamá sonreía ahora y añadió: —Cuando queremos mucho a alguien, esa persona está para siempre en nuestro pensamiento y nos da mucha alegría cuando volvemos a encontrarla. 

—¡Es cierto! —exclamó Andrés—. ¡Y también podemos llamarla por teléfono o verla por internet! 

—Claro —dijo mamá. Andrés se quedó en silencio y tras una pausa volvió a preguntar: 

—¿Se puede echar de menos un país? —Claro —dijo mamá— y también, un idioma, una forma de hablar, un perfume… —Y comida —agregó Andrés con entusiasmo— como las galletitas de la abuela. 

Andrés y mamá se miraron a la cara y se echaron a reír, porque a los dos se les había hecho agua la boca pensando en las galletitas ricas de la abuela. 

—Tengo una idea —dijo mamá todavía sonriendo—. Tengo la receta de la abuela. ¿Qué te parece si entre los dos intentamos hacerlas? Andrés y mamá, y un poquito Marina también, mezclaron, amasaron, estiraron, cortaron y hornearon. 

Más tarde, mientras las galletas se horneaban, Andrés fue a buscar papel y crayones para hacerles un dibujo a sus abuelos. 

Mientras dibujaba, Andrés se percató de que estaba echando de menos a su papá, 
pero enseguida se alegró porque sabía que pronto llegaría del trabajo. 

Entonces, como casi todas las tardes, jugarían un rato, cenarían juntos y antes de dormir, papá le leería un cuento. 

Andrés pensó que era una suerte no tener que echar de menos a mamá o a papá por mucho tiempo”.

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