Critica Revista LEA

Extranjera para siempre

Crítica publicada en la revista Lea!

Claudia Yelin es licenciada en Psicología (UBA) y Master en Asistencia Social (Catholic University of America). En este libro relata, con acento emotivo y conmovedor, su emigración –junto a su esposo y a sus dos hijas pequeñas– a los Estados Unidos. En la descripción de su desgarramiento, tan profundo como despiadado, apela a la circunstancia cotidiana, al simple hecho de arrostrar la batalla de todos los días. La autora realiza una entrega generosa y sincera, marcada por un coraje intelectual no exento de loable humildad.

Claudia Yelin expone su experiencia emigratoria a través de un lenguaje pulcro y preciso. Aunque no recurre a términos y enfoques psicológicos, su pensamiento está influido por su profesión, especialmente en las reflexiones sobre los titánicos esfuerzos que exige la adaptación, un complejo mecanismo defensivo que incorpora lo imprevisto pero a la vez intenta mitigar la fatiga provocada por la sobreexcitación y el bombardeo de estímulos. Asimismo, elude la teorización y opta por bucear en los más íntimos recovecos de sus sentimientos y realizar observaciones concretas (“Cuando lo ´foráneo´ se me hace conocido, es cuando más me invaden las añoranzas de lo ´otro conocido´, lo que era familiar”/“Emigrar es quedar para siempre con los pies bien plantados…en el aire, es dejar de pertenecer incondicionalmente”).
La narración de varias anécdotas traumáticas relacionadas con la represión en la época del Proceso posee una vibración tan intensa que hace que el lector participe visceralmente en la angustia de la protagonista: “El miedo al miedo se agregó al miedo”.
Emigrar es ante todo un relato autobiográfico agudo, que profundiza en la ardua manipulación de los recuerdos. Las situaciones corrientes y domésticas en el exilio de la autora y su familia desbordan autenticidad y convicción: “Pero la realidad se nos impuso con variables propias”.
Los primeros capítulos que tratan sobre la partida de la Argentina transmiten un patetismo contundente. Hay en la sensibilidad de Claudia Yelin una música enternecedora que induce al lector a sumergirse en una estado tal de ansiedad que le impide abandonar el libro, como si estuviera participando de sus vicisitudes en Washington.
Causa perplejidad la tenacidad desplegada por el grupo familiar para amoldarse a las particularidades de la sociedad norteamericana y superar “las profundidades aburridas de la depresión”. Resulta sumamente interesante la atención prestada a los pequeños temas, a los minúsculos y difíciles requerimientos prácticos (como encontrar un dentista apropiado o acostumbrarse al ciclo de estaciones del hemisferio norte).
Para Yelin el aprendizaje del idioma parece constituir una muralla inexpugnable porque se entrecruza con el problema de la comunicación intercultural, donde las diferencias de estilo dan lugar a inesperados malentendidos. Se advierte un trasfondo de desilusión ante la insensatez humana y su incomprensión del otro.
“La decisión” y “Decidir no alcanza” son capítulos logrados, en los que la autora registra la zozobra que suscita la elección entre la alternativa de quedarse definitivamente en los Estados Unidos o volver a la Argentina.
Sin embargo, aunque Claudia Yelin se lamenta sobre el final de que “tanto mi país biológico como el adoptivo son tierras extranjeras”, su radicación en los Estados Unidos fue exitosa. No sólo se insertó con su familia en la vida social de ese país, sino que esa inclusión vino acompañada por la obtención de un master, al que siguió un brillante desempeño profesional.
Lúcido y esclarecedor el epílogo de Fernando Ulloa.

Germán Cáceres

 

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