Vínculos, abrazos y emigración

Dice  Sue Johnson en su libro “Abrázame fuerte”  que el aislamiento y la amenaza potencia de la pérdida de conexión de los vínculos amorosos es codificada por el cerebro como “pánico primordial”. Y agrega que nuestra imperiosa necesidad de  relaciones emocionales seguras nos acompaña desde el nacimiento hasta la muerte. “Los vínculos amorosos son la única seguridad que nos ofrece la naturaleza. El amor es nuestro mejor mecanismo de sobrevivencia”.

 

Si aplicamos estas ideas a la temática de la emigración vemos que con el boleto de partida en la mano se aflojan los abrazos y las estructuras familiares se tambalean, como cuando se pierde una ficha en un rompecabezas.  Ciertamente el más desamparado resultará el que se va ya que tendrá que volver a encontrar las condiciones de seguridad afectiva en un terreno desconocido, a menudo sin manejar el idioma y con un desconocimiento de los hilos que hacen que las “cosas funcionen”.  Se pierden los temas comunes, las viejas afinidades y, si en el nuevo país se busca lo igual, la adaptación a la nueva vida se verá adversamente afectada. Siempre es bueno encontrar compatriotas, pero también mantener las puertas abiertas a la nueva cultura y el entorno humano en el que esta florece.

 

Si los que se quedan pueden tolerar la despedida, tendrán un rol protagónico en el apoyo del que se fue, reasegurando y confirmando  la continuidad del los vínculos afectivos.

 

El cimbronazo de la partida sacude las relaciones. Muchas no sobreviven causando duelos a veces muy profundos, pero los vínculos que perduran adquirirán un valor de suma importancia no solamente porque reafirma el sentimiento de seguridad en ambas direcciones sino porque que agrega valor humano a nuestras vidas.  Un verdadero antídoto contra el “pánico primordial” al que hace mención Sue Johnson.

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